¿Por qué voy a darme un masaje?

Porque sientes tensión. Porque sientes ansiedad. Porque tienes un dolor en la espalda. Porque te duele la cabeza. Porque no puedes dormir. Porque te quieres lo suficiente. Porque sabes que no solo tu cuerpo lo necesita sino que tu espíritu también. Porque te hace sentir. Porque no todo se puede transmitir a través de las palabras. Porque te sientes más liviano después de la sesión. Porque la vida pesa menos. Porque piensas que es importante buscar un hueco para ti. Porque sientes amor y gratitud cuando lo recibes. Porque te hace conectar.  Y lo más importante de todo, porque te lo mereces.

Como ves hay muchas razones por las que vienes a darte un masaje.

Cada uno tiene la suya, pero ninguna es mejor ni peor.

¿Ya sabes por qué vienes a darte un masaje?

 

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